Parar, respirar, sentirse. Observar las sensaciones, emociones y pensamientos tal como surgen, sin juicio, con aceptación y ecuanimidad. La práctica de la atención plena y compasiva nos invita a vivir el presente con plena conciencia, sin aferrarnos ni rechazar lo que ocurre, permitiendo que la experiencia fluya.
A través de prácticas guiadas y sencillas, nos entrenamos en aquietar la mente y el cuerpo, sensibilizándonos y enfocándonos en las acciones cotidianas y vamos incorporando un estado de presencia momento a momento, que favorece el bienestar mental, emocional, físico y espiritual.
Para quién:
Tanto para personas que quieran iniciarse en la meditación como para las que quieran afianzarse en su práctica cotidiana, desde una perspectiva laica.
Puede serte útil en…
Comprender qué es la mente y cómo construye la realidad.
Desidentificarnos de pensamientos automáticos y del ruido mental.
Recuperar la integridad cuerpo-mente.
Entrenar la capacidad de enfocar los pensamientos.
Salir de bucles adictivos (pensamiento-emoción-conducta)
Regular las emociones.
Desarrollar la capacidad de enfoque y concentración.
Cultivar la coherencia: sentir, pensar y hacer en una misma dirección.
Reducir la reactividad y desarrollar la flexibilidad de respuesta.
Reducir los estados de enfado y de queja.
Reducir la tendencia a la preocupación.
Aliviar los efectos del estrés y de la ansiedad.
Aceptar la incertidumbre y el cambio como ley ineludible
Despertar los sentidos y el placer.
Cultivar una bella relación con el presente, momento a momento.
Fomentar una ética del cuidado, con lo humano y con lo que no lo es.
Estimular el bienestar contig* mism* y en tus relaciones.
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