Integración del estado de presencia en contacto con el mundo emocional
La emoción, que proviene del latín emovere (mover fuera), nos pone en movimiento y es fundamental para nuestra supervivencia. La práctica de la atención plena nos enseña a navegar las emociones, a regularlas de manera voluntaria, sobre todo las difíciles, sin dejarnos arrastrar por ellas, sin hacernos daño ni hacerlo a los demás, y nos induce a un estado de observación en el que podemos sentirlas de manera segura, liberarlas cuando llegue el momento y acceder a la sabiduría que nos ofrecen.
Para quién:
Para quienes deseen vivir sus emociones de manera plena y segura, así como para quienes acompañan el crecimiento de otros: padres, madres, educadores, terapeutas, psicólogas…
Puede serte útil en…
Comprender con mayor profundidad el mundo mental/emocional.
Navegarlas con seguridad para que nos sirvan de orientación.
Regular las emociones a través de la respiración y el movimiento.
Salir de patrones emocionales sufrientes y transformarlos.
Vivir las emociones plenamente, de manera segura.
Fomentar emociones placenteras como la gratitud, el gozo, la ligereza.
Aprender a navegar las emociones difíciles y salir ilesas.
Comprender nuestras emociones y por tanto, las de los demás.
Reducir el estrés y aprender a transitar la ansiedad.
Aprender a navegar la incertidumbre inherente a la vida.
Cultivar la aceptación y reducir la evasión de lo que sentimos.
Dejar de alimentar emociones sufrientes y fomentar las benévolas.
Desarrollar una escucha corporal más atenta.
Acompañar a otros en su crecimiento con recursos prácticos y amables.
Aumentar la confianza en la propia autoridad interna.
Conectar con estados de serenidad y de dicha sin necesidad de una causa externa.
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