Retorno a lo sensible invita a la mirada estética (del griego aisthetikós ‘susceptible de percibirse por los sentidos), la atención sensorial que nos hace parte del entorno.
Cultivar la estética es acceder a un conocimiento encarnado en el que florece el instinto creativo/ético, la experiencia de ser (parte) de un entramado vivo interdependiente con todo lo demás. ¿Es posible este cambio de paradigma? Retornar a un estado de conexión y de comprensión capaz de ensanchar las estrechas fronteras del yo personal hacia la pertenencia a la diversa totalidad.
Cultivar una mirada capaz de contemplar el mundo desde la belleza. Proteger la percepción poética día a día nos ofrece un refugio para participar del mundo que nos rodea con amor.
Cultivar la presencia y dar lo mejor en cada acción independientemente de sus frutos. El gozo es subversivo.
Habitar el cuerpo es una experiencia estética – sensual/sensorial- percibir el mundo a través de los sentidos es fuente de conexión, sabiduría, placer y una sólida ancla al presente.
Junto a la razón, co-habitan otras inteligencias capaces de captar el mundo en su complejidad y sutileza.
Jugar, sin fin y sin provecho, librarse de la tensión que domina el comportamiento cuando se orienta a los objetivos.
El tiempo soberano es un flujo natural acompasado a los ciclos (día/noche, estaciones, mareas). Sincronizarnos con estos ciclos nos permite vivir en coherencia con nuestra realidad orgánica.
La vulnerabilidad de lo íntimo, poner en el centro de la vida nuestras relaciones afectivas, priorizando la creación de redes, de comunidades basadas en el cuidado de un* mism*, de las demás y de lo demás.
Recuperar las narrativas de las voces de la tierra. Caminos de experiencia y de encuentro con el legado de la memoria en el cuerpo, sabiduría viva que somos.
Es una realidad física y espiritual. Es posible despertar esa conciencia con prácticas orgánicas que nos recuerdan nuestra conexión y pertenencia radical al mundo.
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